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El día que decidí dejar de estresarme por tonterías

El día que decidí dejar de estresarme por tonterías y comencé a dejar que mi hija se ensuciara al jugar

Al igual que muchas personas que lo vieron, ese vídeo me sacó una sonrisa. Pero al mismo tiempo, me puso a pensar en cómo soy en ese aspecto ahora que soy mamá. Y me di cuenta de algo: nunca (o casi nunca) dejo que mi hija se ensucie cuando juega en exteriores. Después de eso, decidí que debía ser más relajada en ese aspecto, y no estresarme si mi hija se ensucia cuando juega.

Los recuerdos que quedan en nuestra memoria

Ver ese vídeo me hizo recordar mi infancia. Las cosas sin duda eran muy distintas en la época en la que yo era niña, comparadas a como lo son ahora que mi hija es pequeña. Y es que no es lo mismo ser niño a principios de la década de los noventas, que en 2018.

Cuando era niña, pasaba la mayor parte del tiempo jugando en el patio de mi casa. Mi hermana y yo solíamos explorar cada rincón, jugando a ser exploradoras en medio de la selva, pues había muchos árboles y plantas perfectas para hacerlo. Veíamos la televisión, claro, pero ésta nunca fue más interesante que jugar al aire libre, acompañadas de nuestros perros.

Recuerdo algunas tardes de verano, acostadas en un par de hamacas bajo la sombra de los árboles, después de unas horas de juego en el jardín. Cuando llovía, podíamos salir a jugar en el barro y hacer algunas “creaciones culinarias” que decorábamos con pequeñas ramas y hojas que se habían desprendido de los árboles. ¿Te suena familiar algo de esto? ¿También recuerdas así tu infancia?

Pensar en todo esto, también me puso a pensar en las cosas que olvidé acerca de aquellos felices y despreocupados días. No recuerdo la ropa, los peinados, los lazos ni los zapatos que usaba cuando era niña. Pero lo que sí recuerdo y seguramente nunca olvidaré, son aquellas tardes de juegos y risas.

¿Por qué como niña me encantaba jugar en el barro y ahora que soy mamá no me gustaba del todo que mi hija lo hiciera? Quizás porque temo que pueda enfermar, o que de alguna manera esto tenga otras consecuencias en su salud. Podría ser también, que ahora nos sentimos presionadas por tener a nuestros hijos bien vestidos e impecables, para evitar que basándose en eso opinen acerca de nuestro desempeño como madres.

Sea por el motivo que sea, me di cuenta que la sonrisa y la felicidad de un niño, son más importantes y valiosas que una camiseta limpia. Dejemos a los niños ser niños, pues son esos pequeños momentos, los que hacen de la infancia de nuestros hijos algo mágico y que perdurará para siempre en sus recuerdos.

Recientemente, fuimos de la escuela de mi hija a visitar un museo para niños de nuestra ciudad. Al final del recorrido, quedaban unos 30 minutos antes de que volviera el transporte por nosotros, así que maestras y padres esperamos en el jardín del museo donde había unos juegos para los niños, entre ellos un arenero.

Al principio y como llevaban puestos los uniformes, algunas mamás les pedimos que no se metieran a jugar ahí, pero tras unos minutos y sin decir nada, todos optamos por dejarlos divertirse. Era inevitable sonreír al ver a todo el grupo riendo mientras jugaban con la arena y otro juego que tenía agua. Al final los niños terminaron llenos de tierra y un poco de barro, pero nada que un baño y la lavadora no pudieran remediar.

Un poco de suciedad también tiene sus beneficios

En realidad, dejar que los niños se ensucien un poco tiene más beneficios que enfocarnos en ser extremadamente higiénicos. Hace tiempo compartíamos precisamente que el exceso de higiene debilitaba el sistema inmune y esto hacía que los niños pudieran ser más propensos a padecer ciertas alergias.

Desde luego, todo debe ser con medida, y con esto no estoy diciendo que dejemos que los niños estén todo el tiempo sucios o que no fomentemos hábitos de higiene, pero sí es una manera de recordar que no pasará nada si les dejamos ensuciarse ocasionalmente, pues también es beneficioso para ellos.

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